Hasta la década de 1920 la ahora Calzada de la Viga era un canal que iba de lo que ahora es la calle de Fray Servando, a unas diez cuadras del Zócalo, hasta el Canal Nacional y los lagos de Xochimilco y Chalco, unindo a la Ciudad de México con los pueblos de Xochimilco, Tláhuac y Chalco. Desde tiempos prehispánicos, estos pueblos habían producido comida –especialmente frutas y verduras frescas– para la población urbana, e incluso durante el Virreinato hubo una garita que servía de aduana para recaudar la alcabala antes de llegar al Río de la Piedad (hoy en Viaducto) en donde ahora se encuentran Eje 3 Sur (Av. Morelos) y La Viga.

Canal de la Viga y lagos de Xochimilco y Chalco, supuerpuestos al trazado urbano de la Ciudad de México en 1970.

Canal de la Viga a principios del siglo XX.
En la garita, el canal se ensanchaba y dividía en dos. Hacia el sur seguía propiamente el Canal de la Viga, que era suficientemente ancho para que desde 1850 una línea de barcos de vapor proveyera servicios diarios de pasajeros y carga. Hacia el este se extendía la Zanja Cuadrada, canal construido en el siglo XVIII con la intención de rodear la Ciudad de México (cosa que nunca se logró) para evitar el contrabando, servir de desagüe para evitar inundaciones, y comunicar fácilmente las garitas que rodeaban la ciudad. La Zanja Cuadrada, menos ancha que el Canal de la Viga, seguía el trazado de lo que ahora es Av. Morelos, y en Avenida Congreso de la Unión se desviaba al norte con el mismo trazado que esa avenida hasta la Garita de San Lázaro, ubicada cerca de la esquina noroeste de la actual cámara de diputados, y donde se ubicaba la compuerta que daba paso al Lago de Texcoco; de ahí seguía por el norte hasta Nonoalco en el noroeste de la Ciudad.
El embarcadero del Canal de la Viga era para pequeñas embarcaciones (trajineras), y se localizaba en la zona de la Estación Central de Bomberos, apenas unas cuadras al sur de la Parroquia de San Pablo y la desaparecida Plaza de Toros de San Pablo. Poco antes de llegar ahí, al este del Canal de la Viga seguía el Canal de Roldán, cuyo trazado es el de la calle del mismo nombre y llegaba hasta Corregidora, muy cerca de la Merced, a donde llevaban los productos para su venta. A lo largo de los primeros dos kilómetros del canal –hasta lo que hoy es Avenida del Taller–, corría el Paseo de la Viga, lugar de recreo de las clases medias y bajas de la ciudad. El Paseo terminaba en una glorieta que facilitaba a los carruajes dar vuelta, y en fines de semana, según las descripciones que hay, había una ambiente como hoy en Chapultepec en domingo: familias, vendedores, músicos, ires y venires, etc.

Garita de la Viga en 1885.

Pasea de la Viga en 1885.

El barco de vapor en el Canal de la Viga a la altura del Puente de Iztacalco, frente a la parroquia de San Matías.
El barco de vapor, cuyo servicio se inauguró en 1859, salía de la Garita de la Viga y no era demasiado grande ni rápido. El primero tuvo cupo para veinte pasajeros, recorría los más de 30 km hasta Chalco en cinco horas con paradas en Santa Anita, Iztacalco y Mexicaltzingo, costaba 2 reales ir hasta San Juanico y cuatro hasta Mexicaltzingo (y dos hora de viaje), y para poder llevar más pasajeros, se amarraba un remolque. En 1890 eran cuatro los vapores, pero ni su tamaño ni velocidad habían aumentaron. Los trenes –más rápidos y con mayor capacidad– finalmente sustituyeron a los vapores como medio de transporte preferido.
En 1921 el gobierno tomó la decisión de desaparecer el Canal de Viga, como parte del proyecto del Gran Canal de Desagüe de la Ciudad de México, para evitar las constantes inundaciones. A partir de entonces, casi todos los ríos de la ciudad se entubaron, los lagos empezaron a secarse más rápido y luego la ciudad creció sobre ellos…
Sobre la Garita de la Viga, se pueden agregar algunos datos más. El 13 de septiembre de 1847 el ex insurgente José Pérez comandó a un batallón cívico contra los invasores estadounidenses, y si bien los detuvo algunas horas y les causó importantes bajas, la falta de municiones y la artillería enemiga finalmente lo obligaron a rendirse. Otra curiosidad, es que afuera de la Garita fue el segundo lugar donde estuvieron las estatuas de los Indios Verdes desde 1901 (originalmente estaban en el principio de Reforma), hasta que las movieron en 1939 a la entrada norte de la Ciudad de México, no muy lejos de donde se encuentran ahora en el metro que lleva su nombre. De las garitas que hubo alrededor de la Ciudad de México –incluida la de la Viga– no queda nada. Sin embargo, durante la construcción de la línea 8 del metro, se encontraron restos de la de la Viga en Av. Morelos y la Viga, así que su antigua localización es certera.

La Garita de la Viga sin garita ni agua, con tranvías y todavía con Indios Verdes
Bibliografía
http://www.mexicomaxico.org/Viga/LaViga.htm
http://www.mexicomaxico.org/Viga/LaVigaGarita.htm
http://ciudadanosenred.com.mx/node/16360
http://redalyc.uaemex.mx/pdf/369/36907409.pdf
Fotos del Canal de la Viga
http://www.flickr.com/photos/clubdepatos/sets/72157601378392751/with/1086083992/
http://www.mexicomaxico.org/Viga/LaVigaGaleria.htm
Mapa del Canal superpuesto a la Ciudad de México en 2009
http://www.mexicomaxico.org/Viga/GaritaImages/LaVigaMapa1859.htm
En 696 d.C. Ald al-Malik ibn Marwan (646-705), califa omeya que se entretenía conquistando Irak y sentando las bases del dominio islámico del Mediterráneo —hizo del árabe el idioma oficial del imperio, creó un sistema regular de correos, etc.— decidió que era tiempo de que los árabes comenzaran a acuñar monedas propias: los dinares; para sustituir a los aureus solidii bizantinos o bezantes, hasta entonces moneda más común en el Mediterráneo.

Abd el-Malik ibn Marwan
en uno de sus dinares
Entonces, para cumplir su propósito requirió oro, por lo que de un plumazo cambió el valor de ese metal de 12 monedas de plata (dírhams para los árabes y denarios para los europeos occidentales) a 14, y el oro comenzó a fluir a las arcas árabes a cambio de su plata. Entonces, para evitar quedarse sin oro, los bizantinos cambiaron también la equivalencia entre sus bezantes y la plata por uno a 18, y prohibieron la exportación de oro; con lo que el oro occidental siguió fluyendo a oriente. A los árabes no les preocupó demasiado el mejor precio del oro en Constantinopla, porque ellos tenían sus propias fuentes de oro en el alto Nilo: Nubia. Pero para occidente —sin fuentes propias de oro ni un Estado capaz de controlar el flujo de las monedas— la historia era otra, y para la primera mitad del siglo VIII se quedó prácticamente sin oro acuñado y la moneda de plata, el denario, denier o dinero, se impuso como medio de cambio principal.

Aureos solidius o bezant del emperador Leoncio
Carlomagno (768-814) impuso el estándar del contenido de plata para las monedas occidentes, el dinero, en 1/240 de libra francesa (también estandarizada por él) o 1/12 de sueldo. Además, en los capitulares de su reinado prohíben la circulación en el reino (después imperio) franco de monedas distintas del dinero franco, y la acuñación particular de monedas; cosa que se siguieron haciendo los cambistas y comerciantes y prohibiendo los reyes, porque las monedas extranjeras no se aceptaban generalmente en los mercados.

Karolus Imperator Augustus
en uno de sus dineros

Más monedas de Karolus
Obviamente, hubo comercio entre oriente y occidente —especialmente Bizancio—, mediado muchas veces por judíos e italianos, pero los productos occidentales (espadas y armaduras francas, tejidos y pieles) se compraban con monedas de plata y no de oro, especialmente porque en el imperio oriental la exportación de oro estaba prohibida; y desde la mitad del siglo VIII los musulmanes controlaron las ricas minas argentíferas del Turquestán oriental y trajeron esa plata al mundo mediterráneo. Con más plata en el mercado y sin demasiado oro, en occidente la plata se devaluó durante el siguiente siglo y medio y los posteriores reyes y emperadores fueron reduciendo el contenido de plata en las monedas hasta el siglo X (mayor razón para que los comerciantes reacuñaran monedas), que la plata se revaluó y las monedas regresaron —paulatinamente— a su tamaño original.
A pesar de esto, no se debe pensar que Europa se vació completamente de monedas de oro, dado que en el sur de Italia —independiente de imperio franco y bajo influencia directa del Mediterráneo— se siguieron acuñando monedas de oro, los mancusos, mismos que se usaban —al menos como medida de cuantas— en Italia e Inglaterra. Además, en al-Ándalus, como posesión musulmana que era, circulaba el dinar árabe de oro (no acuñaron moneda hasta el siglo X), por lo que en las regiones fronterizas (la Marca Hispánica) y mediterráneas del imperio franco (Aquitania) había monedas de oro, aunque solo los más ricos llegaban a usarlas, y los cambistas y comerciantes las buscaban para cambiarlas por plata a mejor precio y por monedas más grandes en oriente.
Aun sin oro el comercio siguió fluyendo en occidente, al interior del imperio franco y entre Inglaterra y Frisia hasta las costas bálticas y de ahí a Kiev, Novgorod, Contantinopla, Persia y Bagdad; y de Barcelona a Italia, Constantinopla, Alejandría y el Levante. Sin embargo, la moneda de cambio fueron la los dineros de plata, las pieles escandinavas y en muchísima menor medida los mancusos italianos; y si las monedas árabes llegaba a occidente, fuera de oro o plata, rápidamente se fundían por estar adornadas con la escritura de los odiados infieles sarracenos.
Ayer 8 de mayo, la Manifestación por la Paz (a la que estoy seguro acudieron la mayoría de mi escaso número de lectores) terminó en el Zócalo de la Ciudad de México con un mitin donde Patricia Duarte, una de las madres de los infantes del ABC habló y dijo que le faltaba una palabra, aquella que denomine a la madre que perdió un hijo.
Ciertamente, hay palabras (categorías) para nombrar a la mujer que ha perdido su esposo (y viceversa), para los divorciados y para los niños sin padres; pero no para los padres que quedaron sin hijos. Entonces, me pregunté por qué, y si en algún idioma la habría. En ninguno de los idiomas que conozco (español, inglés y alemán) existe, y mi búsqueda en Google tampoco arrojó ningún resultado respecto a que en algún idioma haya esa palabra (eso no significa que no exista hay muchos miles de idiomas que no están en la red, simplemente que mi búsqueda en español, inglés y alemán no dio resultados). Pero creo de cierto que no debe existir esa palabra en ningún idioma, porque enterrar a un hijo había sido parte de la maternidad normal, en los países desarrollados y a medio desarrollar ―como este― hasta el Baby Boom (qué decir en lugares de África, e incluso regiones de nuestro país, guerra o no).

Las epidemias de magnitud bíblica ―o sea que se llevaran al primogénito de cada hogar o al menos a un miembro― no eran cosa excepcional en ningún país (nadie tenía ni vacunas ni antibióticos y la mayoría vivía entre mugre) y las guerras eran (¿eran?) acontecimientos más comunes, aún en el hoy desarrollado y pacífico occidente, hace apenas 60 años se estaban masacrando unos a otros como si no hubiera mañana; los Troubles de Irlanda del Norte y la guerra y genocidios en la ex Yugoslavia continuaron (o empezó el segundo) ya bien entrada la década de 1990; y ETA realizó ataques ya en este siglo.
Entonces, que los padres perdieran un hijo no era excepcional (o si no, por qué mi abuela decía al describir su familia “tuve siete hijos, todos vivos”) y merecedor, por lo tanto, de una categoría social especial como viuda, huérfano o divorciado(a)―, e incluso las familias reales ―la élite― debían enterrar a algún hijo antes que a los padres; y por eso mismo ―especialmente en el embarazo y la primera infancia― no era común que la gente formara vínculos sentimentales tan fuertes con los hijos (si no ¿cómo hubieran sido capaces los romanos de abandonar a sus bebés? ¿o incluso San Agustín ―y otros filósofos y pensadores, además del vulgo― de dudar que un bebé tuviera alma?). Pero aún después de esa endebilísima primera infancia, la vida era mucho más vulnerable (basta ver las expectativas de vida durante cinco mil años, cuando anciano era quien llegaba a 52 años), y aún con la llegada de los antibióticos y vacunas, las guerras llenaron cementerios de adolescentes y jóvenes adultos que habían muerto por la patria y se enterraban con todos los honores del héroe.

Lápida de la tumba de joven alemán muerto en la Primera guerra Mundial en un Cementerio de Berlín. Véase el águila imperial alemana sobre la lápida
Pero 50 años de relativa paz, crecimiento económico y desarrollos médicos que hicieron a las hambrunas y epidemias cosa excepcional y digna de reportarse en las noticias y mover a la sociedad para ayudar a las víctimas, ha hecho que ahora la muerte de un hijo antes que el padre sea la excepción y no la regla; y cuando un país ―como este― cae en un espiral de violencia aparentemente sin sentido (a la violencia en Irak o Afganistán se le puede dar un sentido, la defensa de la democracia, la nación, la ‘umma, la tribu, el clan, la familia, etc. el heroísmo), la gente siente la necesidad de una categoría que los explique, de dar sentido a su mundo al menos con un nombre…

Panorámica de Dili, capital de Timor-Leste
A pesar de que Timor Oriental no tiene ni 15 mil Km2 (un área ligeramente menor que Querétaro y Tlaxcala juntos) y poco más de un millón de habitantes, su constitución reconoce 19 idiomas de tres familias lingüísiticas diferentes. Hay dos oficiales (tetun y portugués), dos de trabajo (inglés e indonesio) y otros 15 “idiomas nacionales”, que hablan en diferentes partes de la isla diversos grupos etnolingüísiticos.

Principales idiomas de Timor
El tetun es un idioma de la familia austronesia (igual que 11 de los demás idiomas) de la rama malayo polinesia de la que se hablan cuatro variantes, la oficial que se desarrolló en Dili —la capital— y se llama tetum-praça, el tetum del sur (lia fehan), el del norte (lia foho) y el del oeste (tetum terik). El tetun es lengua materna de una cuarta parte la población, y lo hablan casi 800 mil personas. Es lengua oficial por su importancia histórica como lengua franca entre los habitantes de la isla —junto al Uab Meto que se habla en el oeste, incluido el enclave oriente timorense de Oecussi-Ambeno—; y la Iglesia católica empezó a usarlo en la liturgia en 1981, debido en parte, a la prohibición de las autoridades indonesias contra el portugués.
La importancia del portugués —y del catolicismo— se debe a que el país fue colonia portuguesa por 370 años; y aunque sean muy pocos los hablantes nativos de portugués en el país, hasta una cuarta parte de la población lo habla. Además, el portugués está cargado de importancia simbólica, porque los rebeldes que lucharon por la (restauración de la) independencia de Timor-Leste contra los indonesios los usaban internamente, y en sus comunicaciones con el exterior (los indonesios no lo entendían), por lo que el uso del portugués estuvo prohibido. Habiendo recuperado su independencia, el portugués se declaró lengua oficial y reciben ayuda de Brasil y Portugal para enseñarlo.
El indonesio se considera “idioma de trabajo”, porque una de las políticas de asimilación que instauró Indonesia, fue la de hacerlo el idioma de la educación; entonces lo hablan unas 200 mil personas. Además, con los indonesios llegaron musulmanes y protestantes, lo que provocó una reacción cultural local, que se organizó —como en Lituania o Polonia— entorno de la Iglesia, e incluso muchos de los guerrilleros que luchaban por la liberación de Timor Oriental eran sacerdotes o habían estado en el seminario (como los guerrilleros influidos por la teología de la liberación de este lado del Pacífico).
Históricamente, el inglés no es un idioma importante; pero con visión sobre la importancia de este idioma en el mundo, la presencia/ocupación de la ONU durante el proceso de independencia, y la cercanía de Austrlaia, lo hicieron idioma de trabajo. Sin embargo, el sistema educativo timorense todavía está muy lejos de ser eficiente, y no sólo son pocos los que hablan ese idioma; sino que la mitad de la población es analfabeta.
De los quince “idiomas nacionales”, el más importante es el mambai, que tiene 130 mil hablantes, es una lengua malayo-polinesia, y se habla principalmente en los distritos montañosos del oeste, Ainaro y Manufahi. El siguiente idioma en importancia por número de hablantes es el makasae, de la familia papuana, con 90 mil hablantes. Éste se habla en el extremo oriente de la isla, en el distrito de Lautém, donde dominan dos idiomas papuanos, el makasae y el fataluku (30 mil hablantes). En tercer lugar, está el kemak (51 mil hablantes), del grupo malayo-polinesio; seguido de cerca del bunak (50 mil hablantes), de la familia papuana; y luego van el vaiqueno (la variante de Uab Meto que se habla en el enclave en Timor occidental, 45 mil), kawaimina (39 mil), tokodede (31 mil), idalaka (14 mil), galoli (11 mil) y, con menos de 10 mi hlabantes, el atauru (en la isla frente a Dili), bekais, habun, makuva y macalero. Excepto el último, todos pertenecen a la familia austronesiana (el otro es papuano).

División política de Timor-Leste
Pero, ¿por qué en un territorio tan pequeño hay tantas lenguas autóctonas? E incluso, ¡de dos familias lingüísticas! Los primeros humanos llegaron a Timor hace unos siete mil años, y probablemente hablaban lenguas austronesias del grupo malayo-polinesio; y luego, hace tres mil años llegaron poblaciones de habla papuana. Además, en los últimos dos milenios la isla de Timor ha estado en el cruce de camino de las rutas comerciales del suroriente de Asia, con lo que han llegado chinos, indios y javaneses; y después también árabes, malayos, holandeses (al oeste) y portugueses (en el este). Sin embargo, a diferencia de otros muchos lugares donde el idioma del conquistador se impuso a toda la población, la topografía montañosa y divisiones étnico-tribales lo impidieron, y siempre quedaron reductos —bastante populosos— de hablantes de otras lenguas; que a su vez, merced de las invasiones y la topografía, se han ido dividiendo, al perder el contacto con hablantes del mismo idioma de otra región, en dialectos distintos —el caso del tatun— o hasta idiomas distintos.

Paisaje del interior

Los dominios de nivel superior geográfico (Country code top-level domian o ccTLD) son las dos letras que indican en una dirección de internet en qué país está la página de internet: por ejemplo .mx para México, .br, Brasil, .us, EE.UU, .es, España y una larga lista de etc. más extensa que el número de países.
¿Cómo es esto? Primero, hay territorios dependientes que tienen sus propios ccTLD (como Puerto Rico, .pr o Svalbard .sj, y hasta Antártida .aq); pero también están algunos que, aunque medio derogados o a pesar de la desaparición de la entidad estatal que los necesitaba, siguen existiendo, como .su (Unión Soviética). Además, conforme la geografía que aprendieron nuestros padres y abuelos (y hasta nosotros mismos, que hay dos países nuevos desde que pasamos por la primaria y unos 3 más de facto) ha cambiado de denominaciones y territorios, lo mismo han tenido que hacer los dominios para países.
El primero en cambiar fue el .su, que aunque sigue existiendo para organizaciones y compañías relacionadas con la URSS, en su mayoría lo ha reemplazado el .ru (Rusia) y los códigos para los otros catorce países sucesores. El siguiente fue .cs (Checoslovaquia), que pasó a convertirse en .cz (Chequia) y .sk (Eslovaquia) después del civilizado divorcio. Sin embargo, a mediados de la década de 1990, el desmembramiento de Yugoslavia hizo que su dominio (.yu) también entrara en proceso de desaparecer, y ¡oh problema! asignaron .cs a Serbia y Montenegro (la posterior separación entre ambos implica que .cs ya no existe más, ahora usan .rs y .me, respectivamente). Aunque este ha sido el único caso en que un dominio se recicle, debido a la confusión que podía causar —que incluye los códigos para idioma cuando una página tiene traducción, como la wikipedia—, se determinó que ningún dominio se puede reciclar hasta que hayan pasado 50 años.
Otros dominios que dejaron de existir fueron .dd de Alemania Oriental (Deutsche Demokratische Republik), .yd (Yemen del Sur), .zr (Zaire), y .tp (Timor Portugués); después de reunificación del primer par, los dominios se agregaron al del otro país (.de, Alemania y .ye, Yemen); y los dos siguientes cambiaron de dominio con sus nuevos nombres: .cd (Congo Demogrático) y .tl (Timor Leste).
Algunas rarezas que me he encontrado son los dominios .gb y .oz. El primero es/era para Gran Bretaña, aunque el .uk se prefiere y en realidad sólo hay una página bajo ese dominio y no se aceptan nuevos registros. Esto, hace además a Inglaterra y Rusia los únicos países con dominios de internet redundantes: .uk y .gb; y .ru, .su y .рф. El dominio .oz, contra cualquier predicción (no, no es el dominio de la Tierra Oz), perteneció a Australia, pero alguien sensato decidió cambiarlo por .au, y ahora los .oz se llaman .oz.au. (Por más que busqué, no encontré la causa para que alguien decidiera que Australia fuera Oz, excepto, tal vez, la lejanía). Argelia y Suiza tienen también dominios a primera vista misteriosos: .dz para Argelia (se debe a que en bereber el país se llama Dzayer) y .ch para Suiza, la Confederación Helvética. Un cuarto dominio extraño que ya no existe es .nato, que apropiadamente pasó a usar el .int (para organismos internacionales). Por extraño que parezca, sin embargo, desde 2009 existe .eu para la Unión Europea, y hay la propuesta del dominio .lac para América latina. (En contraste, la ONU nunca ha tenido dominio propio).
Hay un protocolo para hacer direcciones de internet usando abecedarios no latinos (giego, cirílico, sánscrito, chino, japonés, árabe, etc.) y poder agregar otras letras "latinas" (como la ñ o la ç) y diacríticos, pero su uso depende de las organizaciones que controlan el dominio superior del país. En México no es posible registrar nombres de páginas web con acentos ni eñe, aunque en España sí. En Rusia, además de mantener el .su junto al .ru, tienen el .рф (.rf, Federación Rusa), que sólo acepta nombres de páginas en alfabeto cirílico (ruso).
Algunos países, la mayoría pequeños, tuvieron la suerte de recibir dominios que pueden venderse para otros usos, como .tv (no televisión, sino Tuvalu), .fm (Federación Micronesia), .am (Armenia), .dj (no disc jockey, sino Djibouti), etc.
Hasta donde encontré información, los países más nuevos (como Sudán del Sur), todavía no tienen dominios propios. A Sudán del Sur se puede esperar que le asignen uno próximamente —técnicamente no será independiente hasta junio—, pero Kosovo (que es casi un protectorado de la Unión Europea) es otro lío político. Sin embargo, cuando la comunidad internacional promueve la independencia de alguna región, a veces acepta el dominio antes de que exista el país en sí, como fue el caso de .lp o es el caso de .eh, para el Sahara Occidental, bajo ocupación marroquí. (Técnicamente, no es que no fueran independientes, sino que estaban bajo ocupación extranjera. El Sahara Occidental sigue ocupado).
Sólo para terminar, el colmo para Somalia (.so) es que no sólo es un Estado fallido en el terreno, sino que entre finales de 1998 y 2010, su dominio de internet tampoco funcionó, porque la compañía que lo regenteaba quebró.
Apenas en noviembre del año pasado Somalia volvió a tener dominio de internet, a pesar de que todos los países lo reconocen y tiene un asiento en la ONU…
A pesar de todas las diferencias que puedan tener un facha (fascista) y un homosexual (que hablo de faggot inglés, esa palabra denigrante equivalente a maricón, y no del instrumento musical), están relacionados. Ambas provienen de las fascis romanas, ese símbolo del poder, del imperium de los cónsules, pretores y dictadores. ¿Pero cómo fue que un atado de varas derivó en dos significados tan distantes como otra palabra despectiva para denominar a los homosexuales, y una ideología política detestable y sus trasnochados seguidores?

Las fasces romanas, herederas de las de la monarquía etrusca, eran un símbolo de poder, que durante la república usaban los cónsules, procónsules, pretores y dictadores. En sí, las fasces simbolizaban la atribución de estos magistrados de imponer castigos —que se imponían a palos, si no cómo—, y de ellos, el único autorizado para llevar un hacha en su atado de varas, era el dictador; y simbolizaba su poder absoluto, era el único que podía imponer como castigo la muerte —en el mundo mediterráneo era más común el ostracismo o destierro—, y por eso agregaba un hacha al atado.
El renacimiento y, sobre todo, la revolución francesa recuperaron muchos símbolos romanos, y con ellos las fasces regresaron a simbolizar el poder estatal en los espacios públicos; y por medio de esa influencia, y como símbolo de poder, llegaron las fasces hasta el Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, y de ahí sus seguidores recibieron el nombre de fascistas y todos aquellos que simpatizaban con su ideología en otros países también. (Otro partido que usa las fasces es el Partido Nacional Uruguayo, fundado en 1836, i.e. no fascista; y además el símbolo aparece en los escudos de armas de Francia, Ecuador y muchas ciudades.)

La relación entre faggot y fasces es un poco más oscura y pasa por el nebuloso desarrollo del idioma inglés desde las postrimerías de la Edad Media. La invasión normanda trajo, además de una nueva casa reinante, una serie de pesos y medidas, entre las que se incluía el faggot o algo parecido de nombre, que era, como es de esperarse, una medida de atados de varas. De ahí, la palabra pasó a referirse, como término despectivo, grosero y abusivo, a las ancianas que se dedicaban a reunir leña y llevarla a los poblados en faggots para venderla. Como término grosero reservado para algunas ancianas pobres, la palabra adquirió un significado parecido a “vieja bruja”; y en esta sociedad occidental machista (falocéntrica), en la que es costumbre insultar a otro hombre —especialmente si es homosexual— con palabras para referirse a las mujeres (como marica, sissy, etc.), para enfatizar su “debilidad”, faggot pasó a referirse al homosexual.
De esto modo, las fascis, un haz, un atado de varas, es igual símbolo de poder, como en la antigüedad; que de una ideología política; y palabra para referirse despectivamente al homosexual. El desarrollo social y cultural, pero también la política, llevan a las palabras y símbolos por caminos insospechados… Sólo queda pensar qué será de “priísta”, “demócrata” o “liberal” en el futuro.
Luego de años de rehusarme sistemáticamente a leer Harry Potter, cedí después de ver la sexta película. Literariamente no son complicados —al punto que no falta el que los tilda de subliteratura—, lo que es la causa primera de su popularidad; pero hay una serie de temas subyacentes a la historia que no puedo dejar de considerar fascinantes.
La historia evoluciona de un cuento de detectives con magia en los primeros tres libros, a una de resistencia a un gobierno manipulador que termina convirtiéndose en un Estado totalitario (del quinto al séptimo). Ambos son temas típicos de la cultura, y consecuentemente, literatura anglosajona. Como cuento de detectives Harry Potter es comparable a Sherlock Holmes y todos los relatos del siglo XX de niños detectives, que siguiendo las pistas, observando y usando el método científico arman el rompecabezas y desentrañan el misterio, un tema típicamente positivista: el triunfo de método científico; y aunque en Harry Potter usan magia, la solución a los misterios es profundamente racional y su magia es un poco una “ciencia” diferente.
La segunda parte de la historia, la oposición a un Estado que se quiere hacer totalitario —y en cierta forma lo logra en el séptimo libro— y manipula los medios de comunicación es también un tema típicamente anglosajón, un tema que revela un profundo miedo al abuso de poder; pero también una confianza casi dogmática en el triunfo de la verdad y la prensa libre. El quinto libro termina después de una larga campaña de despretigio contra el niño de la cicatriz con la verdad revelada y el desprestigio para un gobierno que no quiso aceptarla a tiempo, y en cambio procuró manipular a los medios. Al mismo tiempo, la organización de la Orden del Fénix remite a la Résistance (otro bonito mito). En este sentido, la segunda parte de la saga es comparable a V for Vendetta o Watchmen, donde haciendo pública la verdad y los engaños del Estado totalitario se le derroca: lo que muestra una profunda confianza en la prensa libre; pero al mismo tiempo, un miedo comparable hacia la prensa manipulada (en Harry Potter se ve esto en la “batalla” entre El Profeta y El Quisquilloso/The Quibbler).
Otro tema político es el idealismo con que Rowling trata a los magos: prefirieron hacerse a un lado, ocultarse, y dejar que los muggles se gobiernen a parte; una situación verdaderamente constrastante con lo que sucede con los poderosos en realidad: no se ocultan, sino que toman todo el poder para sí.
Además, hay un tercer tema subyancente proveniente de la escatología judeocristiana-occidetnal y que toca sentimientos y formas de entender el mundo profundamente grabados en nuestra mente: el Mesías. Primero, una profesía anuncia el nacimiento del “salvador”, luego, un acontecimiento espectacular confirma ese nacimiento (la estrella de Belén, digo el ataque de Voldemort y su desaparición); pero después de eso el “salvador” desaparece durante su niñez y se exilia del mundo yéndose cuarenta días al desierto mágico. Luego, reaparece, y por supuesto, hay quiénes dudan de su poder, a pesar de haber realizado “milagros” i.e. derrotar Voldemort tres veces, una como bebé y dos siendo un mozalbete de secundaria. Harry se enfrenta a una campaña de desprestigio y mentiras en su contra, para terminar convirtiéndose en un símbolo de la resistencia y en un líder esperado que volverá (no en tiempos proféticos, sino muy pronto) para liderar la revuelta en contra de ese Estado totalitario y maligno y el mal supremo: Voldemort. Es, en cierta manera, una extraña combinación de la Segunda Venida de Cristo, el Imán Oculto chiíta y Charles De Gaulle, quien oculto/huído/exiliado en el otro lado del Canal “lideró” a una nación contra los nazis.
Sin embargo, como síntoma de la modernidad y la sociedad posindustrial a la que pertence Rowling, el “salvador”, no nace en el solsticio de invierno cuando el día vuelve a alargarse, sino en en pleno verano, cuando la naturaleza refulje. En contraste, el mal, Voldemort nace en invierno, junto con la muerte.
Una caracterísitica importante de todos los personajes (excepto Fred y George Weasley que son una unidad) es su profundo individualismo, virtud liberal y moderna, muy anglosajona. Harry y Voldemort son hijos únicos y huérfanos, es decir, sus conexiones familiares son prácticamente irrelevantes: están ellos solos contra/en el mundo. De la misma forma, Hermione, a pesar de tener padres, muchas veces funciona como si no los tuviera, al punto de enviarlos a Australia… Ella también está sola en el mundo mágico, sus conexiones familiares son hacia el mundo muggle, y son tan irrelevantes en términos de la historia como las de Harry o Voldemort. En la misma tónica, Malfoy, Longbottom y James Potter son hijos únicos, de la familia de Snape sabemos muy poco, de la Dumbledore nada hasta el séptimo libro, y ese revela a un personaje muy individualista, al grado de no confiar en nadie. Etc.
El individualismo tiene además, otra cara en el mundo moderno: la responsabilidad individual ante las acciones propias, y la capacidad de esas acciones de modificar la vida de uno. Voldemort es muy parecido a Anakin Skywalker, a pesar de que lo reciben los buenos (los jedis o Hogwarts) decide acercarse al lado oscuro de la fuerza magia y termina totalmente corrompido, al grado que ya no es humano, uno es vívora y el otro máquina; pero al mismo tiempo, quienes derrotaran a estos oscuros personajes (Harry y Luke), a pesar de enfrentarse a circunstancias parecidas, eligen el bien. Otros personajes que deciden por sí mismos y enfrentan los consecuencias individualemte en la saga son: Sirius Black rompiendo con la tradición familiar, siendo bueno y tolerante con los “sangre sucia” et al; Snape y el hermano de Sirius decidiendo dejar el bando de Voldemort y unirse al de los buenos; y Pettigrew traicionando a los Potter.
Lo británico de Harry Potter
Además de los temas y valores culturales que promueve Harry Potter, la historia es profundamente británica y Rowling deja ver un poco de chauvinismo inglés y nostalgia por el imperio británico creando un mundo de tono victoriano en donde la estructuras sociales y la tecnología (de vapor) que crearon el imperio Británico, se mantienen y siguen siendo vigentes. Es un mundo donde hay una “aristocracia” (magos) y una profunda división con la clase baja (muggles), aunque es una diferencia salvable (magos hijos de muggles, comerciantes prósperos). Además, la tecnología moderna —la del actual imperio yanqui— no funciona cerca de la magia, y en cambio es necesario recurrir al vapor (expreso de Hogwarts).
Aristocracia y movilidad social: La diferencia entre magos y muggles puede interpretarse como una metáfora de la Inglaterra del siglo XVIII o XIX donde la aristocracia (magos en este caso) desprecian a la gente de baja cuna (muggles), los advenedizos, prósperos comerciantes de baja cuna e incipientes industriales que se cuelan en la élite (magos hijos de muggles), y los aristócratas venidos a menos (los magos que se juntan con los muggles y sus hijos). Obviamente, como buen cuento inglés, el protagonista está del lado de los despreciados, y los malos son los aritócratas: altaneros, racistas/clasistas e inpetos, un retrato muy parecido a los que hacen Monty Python o el de la película The Charge of Light Brigade de 1968. Harry es en cierta manera un Pip de Great Expectations, Hermione es una advenediza, y los Weasley son una familia aritocrática venida a menos que se junta con las clases bajas; pero son buenos, porque representan a la clase media y a los self-made men, que tanto agradan al público anglosajón. Rowling tampoco está del lado de las clases bajas (obreros de la revolución industrial o muggles), y lo deja claro describiéndolos como vulgares y de mente muy estrecha (los Dursley).
En la misma tónica de Rule Britannia, las mejores oportunidades de trabajo para la gente decente (léase los “aristócratas” buenos como los Weasley o los nuevos “ricos” como Hermione o Harry, hasta cierto punto) son 1) el gobierno, donde deben competir con la rancia, adusta y anquilosada aristocracia intolerante; 2) una trasnacional que extienda el poder imperial por todo el mundo (Gringgots o la Compañía de las Indias Orientales) y significa dejar la patria, pero en representación suya y para aumentar su poder; y 3) el explorador aventurero que se va a los rincones más lejanos del mundo a investigar científicamente lo extraño (los dragones en Rumania).
Otro ejemplo de la superioridad británica que Rowling insinúa, es que protagonista y antagonista son ingleses, lo mismo que el “mejor mago del mundo”: Dumbledore; y el desenlace sucede, obviamente, en la isla de Albión; ¿pero es que los sucesos que van a cambiar la historia de la humanidad para magos y muggles podían pasar en un lugar diferente de Gran Bretaña? Para Rowling, la respuesta es evindete, al punto que de América sólo se menciona Perú, como un lugar exótico del que provienen ingredientes mágicos, y jamás menciona a Estados Unidos ni Canadá (Qué decir de México o el resto de América latina). De África sólo se manciona Egipto, antigua posesión colonial británica, y según sabemos, un lugar donde Gringgots tiene importantes operaciones. Australia es sólo un lugar tan lejano, que los padres de Hermione podrán estar seguros (ingnórese el hecho de que los magos pueden aparecerse donde quieran); y Asia es un lugar inexistente. Nada sabemos de China, Japón o la otrora joya del imperio británico: India.
Por otro lado, sabemos mucho de Europa, gracias en gran parte al cuarto libro, que es una delicia de estereotipos. Sabemos que los fanceses son ineptos (¿o por qué, sino Fleur queda última en la copa de los magos? ¿metáfora de la derrota francesa en la Segunda Guerra Mundial, tal vez?), pero buenos a final de cuentas. En cambio, esa gente de Europa central y del este, alemanes y eslavos son gente con tendencias malignas… bien nos menciona Rowling que en Durmstrang se estudian las artes oscuras, y el mago tenebroso anterior a Voldemort, Grindelwald, es, aunque no nos lo digan, alemán. Sin embargo, hay gente decente como en todos lados, Viktor Krum es bueno, y su familia sufrió bajo el nazismo mágico de Grindelwald (como checos y polacos).
Cabe mencionar, que en la Copa de los Magos, a la que acuden los mejores colegios de magia de Europa no va ninguno del sur de Europa, ni griegos ni españoles ni italianos son gente seria que pueda estudiar algo (ni magia evidentemente) de manera correcta. Ignórese que la civilización occidental se fundó en Grecia y Roma, el renacimiento, el barroco, etc. Todos desordenados y periféricos a los sucesos del norte. Sin embargo, Hogwarts es, en contraste, un representante claro del mundo moderno, políticamente correcto, tolerante y cosmopolita: hay estudiantes de ascendencia asiática oriental, africana o surasiática, junto a los británicos (irlandeses y escoceses incluidos).
Dudas que le quedan al estudiante de política
· Dado que hay magos y muggles en todo el mundo, ¿cómo fue el colonialismo? Desde la conquista de América hasta el reparto de Asia y África
· Dumbledore derrotó al nazi mago Grindelwald en 1945… la coincidencia es obvia, pero entonces, ¿él era un nazi mago o él mangoneaba a los nazis?
· ¡Los magos son modernos hace 700 años! O eso insinúa Rowling cuando menciona cuánto tiempo tienen los colegios del norte de Europa compitiendo por el orgullo ¿nacional? y los mundiales de quidditch. De nuevo, es obvio lo ahistórico del cuento.
· ¿Cómo fue la Guerra Fría? Ya sabemos que los eslavos tienen tendencias malignas (seguro por eso hasta eran comunistas…)
· ¿Qué es de América, Asia y África? De verdad quiere que creamos que a los magos gringos los tiene muy sin cuidado el ascenso al poder de un mago tenebroso en Mommy Albion?
Finalmente, como cualquier documento cultural, Harry Potter es resultado de la sociedad en la que se escribió y su éxito comercial depende de representar, aunque sea simbólicamente, a esa sociedad, sus valores y las historias de las que gustan: cuento de detectives, cuento mesiánico, lucha contra el mal-totalitarismo, individualismo, racionalismo y triunfo del bien contra el mal último.
Luego de ver la ociosidad de reacomodar todos los países del mundo (http://bigthink.com/ideas/25109), y las provincias argentinas y españolas (http://fronterasblog.wordpress.com/2010/12/13/los-mapas-de-espana-y-argentina-reordenados-por-poblacion/) según población, decidí hacer lo mismo con México.

Mapa de México con los estados reordenados por población
En México, a diferencia de los tres mapas anteriores, ningún estado sigue siendo el mismo, aunque hay dos parejas que intercambian lugar: San Luís Potosí deja la Huasteca para irse a Sinaloa y Sinaloa deja el Mar de Cortés por los desiertos y selvas potosinos. La otra pareja es Colima y Tlaxcala que pasan a ser “mordidas” de Yucatán y Chiapas, respectivamente. La capital del país se aleja de los temblores y los volcanes del Valle de México para mudarse al desierto de Sonora: vecindad con Estados Unidos y playa; aunque seguiríamos siendo vecinos del Edomex, ahora situado en Chihuahua. Morelos y Cuernavaca quedarían un poco lejos del DF para ir a vacacionar un fin de semana, pero una Cuernavaca con playa nayarita sería más tentadora.
Las costas de Guerrero y Oaxaca seguirían quedando cerca del D.F. pero ir a Ixtapa, Puerto Escondido, Acapulco o Huatulco sería una experiencia diferente entre el desierto y el Mar de Cortés. Tamaulipas conservaría la costa, pero ya no estaría en el golfo, y el pescado a la veracruzana quedaría muy triste preparado en la seca Coahuila. Por otro lado, la cuenca del golfo se poblaría con gente los habitantes de lugares otrora lejanos al mar: Guanajuato (¿qué tal el Cervantino en la playa y con camarones?), Chihuahua, Durango e Hidalgo. Tabasco se mudo un poco más al norte y al este, a un lugar más seco: Yucatán, y el Caribe mexicano sería ahora de Sonora. Quintana Roo y Cancún, se mudan a un lugar más aburrido, en pleno Bajío: Guanajuato.
Guadalajara y Monterrey, las segunda y tercera ciudades del país se mudan con sus estados a Durango (que se muda al trópico, a Tabajco), y Nuevo León al extremo sur del septentrión: Zacatecas. (Los mexicanos más proyanquis, los regios, quedarían más lejos de Texas que los tapatíos o los chilangos). Tijuana se mudaría al lugar de Monterrey y Baja Sur se iría aún más al sur, lejos de las ballenas, para ocupar un lugar entre los volcanes del Valle de México y con Zacatecas y Campeche como vecinos.
Querétaro se muda a casa de su vecino, Guanjuato, y Aguascalientes toma su lugar, dejando la “mordida” de Zacatecas (en este mapa Nuevo León) para Nayarit. La colonial Mérida se muda a Puebla de los Ángeles, y Angelópolis, más al sur, a Antequera; pero las dos podrían seguir atrayendo turistas con tesoros coloniales (Oaxaca no, pero tendría ballenas para compensar).
Tras 70 años en que en México la Iglesia no hacía política, en la última década –y particularmente los últimos meses– hemos visto a los obispos opinando abiertamente sobre diversos temas de política nacional: las elecciones y los partidos políticos, el aborto, los métodos anticonceptivos, el matrimonio homosexual, el censo, la “guerra” contra el narco, etc. Pero, más allá de lo que cada quién opine sobre que los curas regresen a la política, la pregunta que está en el aire es ¿por qué regresó la Iglesia a la política, luego que durante 70 años había aceptado su derrota en la Guerra Cristera?
Para algunos, la causa es que ahora sea el PAN el partido gobernante; sin embargo, en el PRI –como partido paraguas que es/era– siempre hubo gente cercana, e incluso amigos de obispos (por ejemplo Rosendo Huesca, ex arzobispo de Puebla, es amigo de Manuel Bartlett, y Ernesto Zedillo conocía al primer obispo de Mexicali, Manuel Pérez Gil desde su niñez); y fue Carlos Salinas quien restableció las relaciones con Roma y mandó reformar la Constitución para devolver el voto a los sacerdotes y permitir que las organizaciones religiosas tuvieran escuelas oficialmente. Entonces, ¿por qué los sacerdotes esperaron hasta el siglo XXI para contraatacar y externar sus opiniones?
Durante la década de de 1990 el proceso de democratización y apertura política crecientes favorecieron que más actores nacionales alzaran la voz sobre diversos temas, aunque entonces la única opinión política pública de la Iglesia fue a favor de que la gente votara. Durante la década del gobierno panista hemos visto nuevas voces alzarse, los gobernadores, los llamados “poderes fácticos” y la misma Iglesia, que cada vez expresa sus opiniones con mayor frecuencia y dureza. Ciertamente, la apertura política ha permitido que la Iglesia y otros muchos grupos puedan opinar y diferir de las posturas de los diferentes niveles de gobierno; y los funcionarios federales han dejado que así suceda.
Sin embargo, yo creo que hay otra causa más para esa Iglesia más agresiva: el cambio en su élite. Hasta la mitad de la década de los 1990, el gobierno de las principales diócesis y arquidiócesis de México estaba en manos de obispos que habían vivido la Cristiada; es decir, las consecuencias de llevar la intransigencia entre Iglesia y Estado hasta las últimas consecuencias.

Pero, de los 91 obispos que hay actualmente en México, 70 recibieron el nombramiento después de 2000; 17 en la década de 1990 (incluyendo a Norberto Rivera); y cuatro en la de 1980. Treinta obispos nacieron después de 1950 (dos después de 1960), 42 en la década de 1940 y los otros 29 entre 1933 y 1939 (el más viejo es Salvador Íñiguez, arzobispo de Guadalajara famoso por sus desafortunadas declaraciones). Treinta y nueve de las diócesis han tenido tres obispos desde 1989, 26 han tenido dos; y desde la década de 1990 se han creado 14 diócesis.
Ninguno de los obispos que hay actualmente vivió la Guerra Cristera y la derrota armada de la Iglesia; y aunque algunos debieron crecer oyendo historias sobre aquella guerra, para 72 (los nacidos después de 1940), debió haber sido un evento lejano en el tiempo que habrían vivido sus abuelos o tíos mayores. Esto contrasta fuertemente con los obispos que había hasta las décadas de 1980 y 1990, puesto que esa generación de obispos había llegado a las diócesis entre 1960 y 1970, y había nacido en las décadas de 1910 y 1920, y si bien ninguno había participado directamente en la guerra, sí había los que habían crecido con sacerdotes ocultos en sus casas o, incluso, habían llevado armas o comida a los levantados: recordaban la guerra, las consecuencias que había tenido la oposición al Estado y la derrota de la Iglesia; y no estaban dispuestos que se repitiera.
Pero, desde la década de 1990 ha habido un cambio generacional en el alto clero mexicano –cabe mencionar que muchos de obispos han estado en varias diócesis–, y la nueva generación ya no está dispuesta a vivir con las viejas ataduras que la Guerra Cristera había dejado. Para la Iglesia hay temas que son, literalmente, dogmáticos, y por lo tanto, no negociables (que haya vida desde el momento de la concepción, por ejemplo); pero deberá aprender a expresar sus opiniones de manera respetuosa; y al mismo tiempo, los políticos de todos los signos deben tmabién aprender a aceptar a que la Iglesia es otro actor político que va a opinar, aunque a ellos no les guste. Como en muchas otras democracias (EE.UU., Alemania, Francia, Italia, etc.), las religiones organizadas van a expresar su opinión; y los ciudadanos deberán ser capaces de juzgar en qué le van a hacer caso al cura, al político y a cualquier otra persona que trate de influir en sus decisiones, porque oír variedad de voces y decidir a cuál hacemos caso es parte de vivir en una democracia.

Mapa de las diócesis y prelaturas de México coloreado según la década de nacimiento del obispo: verde 1930s, azul 1940s y rosa 1950 o posterior
Bibliografía
Roderic Ai Camp, Mexico's Mandarins, Los Ángeles, University of California, 2001.
"Catholic Church in Mexico", Catholic-Herarchy.org, http://catholic-hierarchy.org/country/mx.html
Mapa: creado por mí, basado en "Mapa de las diócesis católicas de México, ¡Mapas, mapas!, agosto, 2009, http://mapasmapas.blogspot.com/2009/08/mapa-de-las-diocesis-catolicas-en.html
Corría el año 540 d.C. Justiniano había conquistado el norte de África e Italia –bueno Belisario a nombre del emperador-, sus agentes (un par de monjes) habían traído de contrabando el gusano de seda desde China y la “Paz Perpetua” entre el Imperio Romano de Oriente y el Persa Sasánida cumplía ocho años. Las campañas eran exitosas, Constantinopla se embellecía, el imperio prosperaba, y todo indicaba que Justiniano podría reconquistar el Imperio Romano para la nueva Roma. No obstante, entonces giró la rueda de la Fortuna, y un evento fortuito vino a obstaculizar los planes del emperador: la aparición de una virulenta plaga en Egipto, que rápidamente se volvió epidemia y debilitó al imperio, destruyendo de paso el sueño de Justiniano de recrear la Roma de Augusto.
La plaga llegó a Constantinopla y Antioquía –principales ciudades del imperio junto con Alejandría– en 542 y mató 40% ó más de la población, cayendo enfermo el mismo Justiniano. (Él se recuperó y gobernó hasta 565). Sin embargo, la plaga debilitó gravemente al imperio, porque atacó Egipto –principal proveedor de grano– y d las principales ciudades; combinación que fue catastrófica, y peor, porque los enemigos del imperio (y no eran pocos, que uno no hace la guerra con medio Mediterráneo y sale limpio), aprovecharon la debilidad momentánea. Primero, el Rey de Reyes persa, Josrau I rompió la llamada “Paz Eterna” de 532 y penetró hasta el Levante; al año siguiente, los ostrogodos que bizantinos habían expulsado al norte del Po (ahora es Lombardía), reinvadieron Italia, y aunque no atacaron las ciudades, sí saquearon, y sobre todo, bloquearon el sistema fiscal imperial (y se quedaron los dineros) en el campo. Por si fuera poco las recientemente reconquistadas provincias norafricanas se vieron amenazadas por tribus beréberes y desde la región que ahora es Polonia y Bielorrusia llegaron nuevos grupos bárbaros: los ávaros (kurtiguras, utriguras, búlgaras, eslavas y sabrá Dios quién más venía con esa confederación nómada, en una de esas hasta [h]unos trasnochados), que penetraron en Tracia saqueando, destruyendo y cometiendo mil barbaridades (que de antiguo a eso se dedican los bárbaros).
La epidemia –afortunadamente– sólo duró un par de años, y el imperio se recuperó, aunque las consecuencias fueron duraderas, y el expansionismo de Justiniano no pudo renovarse hasta el final de su reinado. La guerra a gran escala con los persas se extendió hasta 545 con los romanos habiendo recuperado el control de las provincias romanas del medio Oriente invadidas por los sasánidas. En el Cáucaso la guerra subsidiaria con los persas por el Estado vasallo de Laz continuó hasta 557 y no se firmó la paz, sino hasta 562 (reconociendo al “reino” de Laz como vasallo bizantino).
En Italia, la guerra contra los ostrogodos bajo el mando de Totila siguió hasta 554, cuando los bizantinos derrotaron definitivamente a su ejército en la batalla de Busta Gallorum. Sin embargo, la resistencia gótica se mantuvo varios años más y los bizantinos debieron mantener una fuerza considerable en la península para combatir esa amenaza y a los invasores francos y lombardos que querían establecerse en Italia. En el frente norte, Justiniano llegó a acuerdos con los ávaros, pero en 559 ellos lideraron una invasión contra Tracia que amenazó a la misma Constantinopla. Belisario fue responsable de repeler a los bárbaros, pero hay quien dice que lo que salvó a la ciudad fue un rebrote de la peste entre las hordas ávaras.
El imperio se sostuvo, y a pesar de las vueltas de la fortuna, hay muchos logros que reconocerle a Justiniano. Su política devolvió el lustre al Imperio Romano, reconquistando incluso Bética (para más señas [V]Andalucía), y muy probablemente fueron sus decisiones las que le dieron 900 años más de vida al Estado bizantino. Además, reorganizó la administración, la economía prosperó, introduciéndose nuevas industrias (la seda contrabandeada de China), embelleció Constantinopla, y mandó compilar el Derecho Romano en el Código que lleva su nombre. Si la fortuna le hubiera sonreído, nuestro mundo sería otro, quizá con un occidente donde el Estado imperial se hubiera podido conservar (como en China); pero que seguramente, como ese Estado chino, tampoco habría tenido la necesidad de lanzarse a la búsqueda de nuevas tierras y "rutas comerciales a oriente por occidente".
En Lituania hay una pequeña minoría etnoconfesional de hablantes de un idioma túrquico (qué palabra más fea) que siguen una religión caraíta (judaísmo no talmúdico: siguen solamente la Torá), que ellos no consideran judáica, sino basada en el Antiguo Testamento. Estos turcos se llaman a sí mismos karaj (pronúnciese /karai/) y llegaron de Crimea a Lituania en el siglo XIV por invitación de Vytautas el Grande, Gran Duque de Lituania, que los quería como guardias de su castillo.

Trakai en Lituania
Los karajlar (plural de karaj) se asentaron originalmente en Trakai, pueblo a 28 Km de Vilnius, en cuyo castillo residía Vytautas (lo que hacía al poblado capital de facto del Gran Ducado), y durante el siglo XV se extendieron a otras poblaciones. Siempre se mantuvieron como una comunidad aparte de los lituanos católicos, y merced de las leyes de Magdeburgo tenían sus propias autoridades en las ciudades; aunque eso no evitó que muchos desempeñaran destacados papeles en el ejército y economía del Gran Ducado.
Parece que hasta el siglo XIX se consideraban a sí mismos una secta judía (debido a la importancia de la Torá el hebreo era y es la lengua ritual); pero debido a las leyes antisemitas zaristas, desde mediados del siglo XIX pelearon por, y consiguieron que se les reconociera como minoría turca, lo que lo exentó de las leyes antisemitas y salvó de los pogromes y hasta el Holocausto. Étnicamente, parecen estar relacionados más con poblaciones del Levante (semitas, judíos y/o árabes) que con los demás turcos; y su idioma turco podría explicarse por contacto con grupos de habla turca en Crimea y otras regiones del Mar Negro –semejante al “español” (ladino) de los sefaradíes o el “alemán” (yidish) de los asquenazi–. Sin embargo, ellos mantienen que eran cumanos (tribu turca kiptchak. Su idioma pertenece a la rama kiptchak de la familia lingüísitica túrquica) cuyos jefes se convirtieron a la religión abrahámica por contacto con misioneros judíos caraítas en Crimea; y fue con ese argumento que convencieron a las autoridades zaristas de que ellos no eran realmente judíos (y por lo tanto culpables de la muerte de Cristo según la idea dominante de la época y base “racional” del antisemitismo premoderno), lo que los exentaba de las leyes antisemitas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes ocuparon Lituania y el reconocimiento como turcos que databa de la Rusia imperial, los salvó del Holocasuto. Para la pseudociencia de la superioridad racial los karajlar eran (¿parecían?) turcos, no judíos; y los nazis tuvieron la “amabilidad” de no exterminarlos… (Los asquenazi rusos ayudaron a los karajlar al no identificarlos tampoco como judíos, y hubo los karajlar que ayudaron a los judíos haciéndolos pasar por miembros de su comunidad). Sin embargo, esa religión basada en la Torá era, en el mejor de los casos, sospechosa para los nazis, y entonces no les dieron el “privilegio” de servir en los ejércitos del Reich alemán, y debieron “contentarse” con que los aceptaran en los batallones de trabajo (en lugar de hacer servicio militar realizaban trabajo físico; pero nada tiene que ver con el trabajo esclavo al que los nazis sometieron a los judíos como parte del Holocausto).

Kenensa o "sinagoga" en Trakai
Cuando la URSS reocupó Lituania, esa categoría ligeramente superior a “Untermenschen a exterminar” resultó de nuevo afortunada, y los soviéticos no consideraron a los karajlar –como comunidad étnica– traidores, contrarrevolucionarios ni colaboracionistas (obviamente hubo algunos individuos que sí cayeron en alguna de esas categorías nefastas), y se salvaron de la deportación en masa a Siberia que sí sufrieron muchas otras minorías soviéticas tras la guerra.
Sin embargo, esa habilidad (o fortuna) para no salir tan golpeados de las grandes desgracias del siglo XX, no los ha protegido de la modernidad, y su idioma está en peligro de extinción. En 1959 se autoidentificaron en Lituania poco más de 400 personas como karajlar, y ese número ha ido disminuyendo: en 1989 eran 289 y en 1997, 257 (no hay datos más actuales); y además, de ellos no más de medio centenar son capaces de hablar su idioma fluidamente. Esto, fue consecuencia, primero de la política soviética de asimilación, que incentivaba la movilidad personal por toda la unión –dejando a los hablantes de lenguas tan minoritarias aislados, por ejemplo en Vladivostok o Moscú–; y segundo, de que para ser capaces de vivir en sociedad necesitan hablar otro idioma, y todos son al menos bilingües (hablan además lituano) o políglotas, hablando también ruso, polaco, alemán o inglés, desde la década pasada.
Su cultura parece más segura que su idioma, dado que hay una especie de revitalización cultural, aunque sea basada en la promoción turística de Trakai. Se les menciona en el museo del castillo y el etnológico de la ciudad, además hay algunos restaurantes de comida karaimų (adjetivo lituano que significa perteneciente o relativo a los karajlar), tienen un templo y hay un grupo de danza y música “folklórica” que se dedica a promover y dar a conocer su cultura. Eso podría ayudar a evitar la total extinción de su cultura, aunque desapareciendo el idioma, podría ser solamente una caricatura, un espectáculo de lo que alguna vez fueron…

Anuncio afuera de un restaurante karaimų

En Sudáfrica quedan solamente ocho equipos buscando llevarse la copa a casa cuatro años. Esos países son Argentina, Brasil, Alemania, Uruguay, España, Ghana, Paraguay y los Países Bajos; y jugarán el 2 de julio Uruguay vs. Ghana y Países Bajos vs. Brasil; y el 3, Alemania vs. Argentina y Paraguay vs. España.
Lo primero que salta a la vista, es que en todos los partidos hay un país sudamericano, lo que probablemente permita que la copa se vaya al continente donde será el próximo mundial. Esto sería “normal”, dado que todos los otros mundiales disputados fuera de Europa o Sudamérica (México ’70 y ’86, EE.UU. ’94 y Corea-Japón 2002) los han ganado siempre los sudamericanos (tres los brasileños y el otro Argentina). Además, los cuatro países sudamericanos que quedan participaron en el primer mundial (Uruguay ’30) y de ellos, sólo Paraguay no ha ganado ningún mundial (Uruguay y Argentina han ganado dos y Brasil cinco); mientras que de los otros competidores, sólo Alemania ha ganado el mundil, pero eso sí, tres veces.
Cuatro de los países que quedan son hispanohablantes, y sólo en uno de los partidos que se disputarán, no participará ningún país de habla española (Países Bajos-Brasil); aunque todos sabemos cuán parecido es el español al portugués… Finalmente, Madrid ha gobernado todos los países que quedan en el mundial: Argentina, Paraguay y Uruguay es obvio –y todos fueron parte del mismo Virreinato de la Plata–; Brasil entre 1580 y 1640 que los Austrias gobernaban Portugal y su imperio colonial (o sea cuando el sol no se ponía en las posesiones hispánicas); Alemania en tiempos de Carlos V de Alemania y I de España, (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, Duque titular de Borgoña y Archiduque de Austria); los Países Bajos, hasta 1581 (también en tiempos de Carlos V y su hijo Felipe II) como los Países Bajos Españoles; y Ghana, al mismo tiempo que Brasil y también como parte de las posesiones portuguesas y sólo en pequeñas regiones cercanas a los fuertes costeros (como el Castillo de Elmina) desde donde se “exportaba mano de obra” (léase esclavos) a América.
Resulta entonces, que aunque el fútbol lo inventaron los ingleses y lo difundieron mientras fueron el imperio dominante, aquellos que pertenecieron al imperio que derrotaron (España) juegan mejor (¿o tendrán mejor suerte con los árbitros?). Siendo así, ¿será que España ya ganó el mundial, o sólo la Casa de Austria?

Epílogo: nada más qué decir, sí ganó el toro...